Hola de nuevo queridos lectores, hacia mucho que no les escribía,
y pido disculpas por ello. En mi defensa puedo decir que tengo dos excusas:
Punto Nº1: Estoy en Vietnam, de hecho ahora estoy
escribiendo lo más rápido posible porque si algún encargado del coronel me ve
mi integridad corre peligro, algo que me tuvo asustado bastante tiempo.
Punto Nº2: Vos sos el único que lee esto, y probablemente no
te conozco, así que tampoco es que me siento tan culpable che, les deje un par
de boludeces en este tiempo.
Lo que me llevo a romper este tiempo de vacio bloggero es que vi que mi compañero y amigo, el Sr. Cala Calavia, empezó a mostrar la hilacha con algo que nos paso a los dos hace un tiempo, ya no se exactamente cuánto. Si no lo leiste, te conviene hacer click acá.
Estaba yo un día deambulando por las calles, seguramente yendo a comprar al chino de acá a la vuelta, cuando una señora se acercó a preguntarme algo. Sus palabras textuales fueron: “Disculpame nene, me decis la hora?”, a lo que yo, sacando mi celular del bolsillo y tras mirarlo le conteste: “si doña, son las tres menos cuarto”. Justo después de eso, alguien me toco el hombro y cuando me gire, me puso un cross de derecha en la mandíbula.
No recuerdo bien quien fue, pero me desperté sentado en un sillón grande, como los de la gente millonaria que se ve en las películas. “Estas en mi casa y tenemos un trabajo para vos” dijo un hombre sentado en una silla giratoria, detrás de un escritorio, dándome la espalda.
Lo que me llevo a romper este tiempo de vacio bloggero es que vi que mi compañero y amigo, el Sr. Cala Calavia, empezó a mostrar la hilacha con algo que nos paso a los dos hace un tiempo, ya no se exactamente cuánto. Si no lo leiste, te conviene hacer click acá.
Estaba yo un día deambulando por las calles, seguramente yendo a comprar al chino de acá a la vuelta, cuando una señora se acercó a preguntarme algo. Sus palabras textuales fueron: “Disculpame nene, me decis la hora?”, a lo que yo, sacando mi celular del bolsillo y tras mirarlo le conteste: “si doña, son las tres menos cuarto”. Justo después de eso, alguien me toco el hombro y cuando me gire, me puso un cross de derecha en la mandíbula.
No recuerdo bien quien fue, pero me desperté sentado en un sillón grande, como los de la gente millonaria que se ve en las películas. “Estas en mi casa y tenemos un trabajo para vos” dijo un hombre sentado en una silla giratoria, detrás de un escritorio, dándome la espalda.

(Esto es lo que tenia en mente para mi proyecto, pero como no lo voy a usar lo subi a 9gag)
“Dónde estoy?” Pregunté instintivamente. “Esta es mi oficina, no es importante donde estas” Me respondió dándose vuelta lentamente, quien luego sabría, era El Coronel. “Vos y tu amigo hicieron buenas investigaciones en ese blog que tienen, entonces El Jefe nos mandó a buscarlos. A vos te toco ir a Vietnam, a hacer un estudio sobre el racismo” Habia mil cosas en la historia que no me cerraban, pero se destacaban dos: primero, el hecho de que esta persona se haya sonreído casi maliciosamente al decir “El Jefe”, aunque esa duda preferí guardármela. La segunda fue… “Osea que todo esto vendría a ser una…. Oferta de trabajo?”
“NOPE, just Chuck Testa” me respondió riendo. Ante mi mirada atónita, su sonrisa se desdibujo y el continuó: “No, no es una oferta de trabajo, te estamos encargando una misión”. “Y si me niego?” pregunte, desafiante como tu gatito cuando le apuntas con un laser a la pared. El Coronel se limito a señalarme con la cabeza hacia mis espaldas. Me di vuelta para ver y a ambos lados de la puerta había dos señores de traje, muy grandotes y con manos callosas, como si trabajaran la tierra de toda la vida. “Entiendo” dije, “pero como hago? Tengo una vida acá, la facultad, mis cosas, toda mi gente que me sigue a todas partes es un sentimientooooo, ooohooohooooooooo, no puedoooo paraaaar..... que hago con todo eso?”
“Ya metimos todo lo que nos pareció importante de tu monoambiente. La próxima limpia un poco, nos llevo 20 minutos despegar una media del suelo del baño. Ahora quedate acá, ya vengo” Dijo antes de irse por la puerta, mientras los patovicas seguían mirándome fijo a través de sus gafas de sol. “Che, y… vienen mucho a bailar por acá?” dije sonriendo, como para romper el hielo y ver si podía entender que pasaba. Nadie respondió. Es más, creo que vi como uno apretaba el puño, así que trague saliva y me quede en el molde, mirando la habitación.
A los pocos minutos El Coronel volvió y me dijo “Tomá tus llaves. Este nos quedó del 78, es un fierrazo. Te vas hasta Aeroparque y te tomas este vuelo (mientras me daba un pasaje de avión, solo de ida). Allá vas a saber qué hacer” Sin decir nada, y escoltado por un muchachón de traje y cuando llegue a la puerta le tendí la mano para despedirme. Tampoco conseguí respuesta.
De ahí hasta el viaje en avión todo fue según lo planeado. Casi digo normal, pero teniendo en cuenta que fui raptado por una agrupación y ahora estoy en Vietnam escribiendo a escondidas en un blog, creo que lo normal se fue al carajo.
Después del aterrizaje en el Aeropuerto Internacional Tan Son Nhat, un señor de barba y turbante me estaba esperando con un cartelito que decía “Kid trong những nhiệm vụ tự tử bẩn chống lại Mỹ”. Yo leí Kid y supuse que era él. “Vos sos el que me va a decir que es lo que tengo que hacer, no?” pregunté, a lo que el extraño musulmán respondió asintiendo con la cabeza levemente, antes de darse vuelta y caminar. Comencé a seguirlo y…..
Puta madre, llego un patovica, tengo que irme, perdón por no corregir el texto, no tengo tiempo, espero volver a darles noticias pronto, saludos.

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