Mark Zuckerberg, y una historia que nada que ver…

Bueno, como verán, volvímos y con todo el marketing. No, no voy a hablar de Mark. Hace tiempo que no se nos cae una idea, o que simplemente nos da paja escribir. Pero como todo lo bueno vuelve, y lo malo también, decidimos que era tiempo de volver. Fueron meses de tener mi buzón colmado de cartas de fans.
Está bien, hace meses que no pago la luz. Pero lo cierto es que en partes uno se siente muy bien al escribir y saber que va a alegrar, en pequeñas proporciones tal vez, el día de alguien. Bueno está bien, volvimos porque tenemos la leve esperanza de que algún día la podamos poner gracias al blog. Pero basta, no voy a hablar de Mark.

Lunes por la mañana, lentamente amanecía, los pájaros cantaban, el despertador me avisaba que era hora de levantarse. Me vestí con mi bata de gardfield y salí a buscar el diario a la vereda. Mientras saludaba al vecino levantando la mano y sonrriendo, quien me devolvía el saludo al grito de "dejá de tirarme la mierda del perro forro", una camioneta se detuvo ferozmente frente mio. Dos tipos con anteojos tamaño 14" y con una prominente espalda se bajaron, me agarraron uno de cada brazo y me subieron al vehículo. Anticipándose a cualquier pregunta que pudiera formular uno de los tipos de dirigió hacia mi.



Tipo: callate la boca y mira al piso!
Cala: para para, recien me levanto papa. No tenés café ni en pedo no?
Tipo: Qué parte de callate la boca no entendiste pelutudo?
Cala: para, esto es por lo de la foto?Tipo: qué foto?
Cala: la de tu culo y mi choto jajaja. Jodita jodita capo, a donde vamos?





(Sería tan amable de subir?)

Una hora después me desperté tirado en el piso de una habitación con un gan dolor de mandíbula. Era un cuarto bastante viejo, lleno de fotografías en las paredes y equipado con un escritorio lleno de papeles y un velador. Sorpresivamente un guardia irrumpió en la habitación. Detrás de él, entró un coronel. Llevaba un amplio bigote y un peinado que haría pensar que es dueño de una fabrica gomina para cabello.

Coronel: Escuchá pibe, vamos a ser directos. Vos escribís un blog no?
Cala: ehm, si pero qué tiene que ver con esto? qué es eso?

Uno de los guardias pasa con una palangana metálica y una esponja acompañado de otro que arrastra una bolsa de arpillera con contenido seguramente humano.

Coronel: acá las preguntas las hago yo pibe. Escucha, tenemos un trabajo para vos. En un rato te explico, mientras leete el diario y no jodas

La tenue lamparita del velador titilaba constantemente al ritmo de los gritos que se oian de fondo. Todo eso acompañado por un peculiar olor a carne asada. Luego de un rato el coronel volvió a la habitación, esta vez acompañado de mi jefe quien lucía bastante mas bronceado de lo que lo recordaba y totalmente empapado. También emanaba un extraño humo de su cabeza. Y ni hablar se su extrafalario peinado onda punk. Me limité a escuchar sin hacer preguntas.

Jefe: qué hacés querido, mirá, te explico, el coronel tuvo la idea de que es tiempo de cambiar algunas cosas. Como hace mucho que escribís en el blog, decidimos darte una especie de ascenso. De ahora en mas vas a estar encargado de escribir en la nueva sección "historias de los pueblos". Vas a tener que viajar por el país contando emocionantes historias de pueblitos del interior.
Cala: y lo demás?
Jefe: lo demás es bueno, la gente lo va a seguir leyendo aunque sea repetido pibe.

El jefe apoyó su mano en mi hombro, que por cierto, lucía más colorada y caliente que lo normal. Uno de los guardias entró con una enorme y contundente máquina de escribir y la dejó caer sobre mis piernas.

Cala: aaaaaay!
Guardia: Toma, esto vas a usar para escribir.
Cala: y cómo se supone que voy a subir las cosas al blog?
Jefe: no te preocupes pibe, manda todo por correo que nosotros lo subimos. Acá tenés un talonario con vales para nafta y algo de plata para comer.
Cala: y esto hasta cuando?
Jefe: ehm, nosotros te avisamos je, je.
Cala: y nico?
Jefe: está en Vietnam, cubriendo un documental sobre animalitos raros o algo así.
Cala: bue, si usted dice jefe.




(El pintoresco pueblo de Villa Garompa, antiguo en cada una de en sus 4 manzanas de extensión...)



El coronel se levantó, tomó unas llaves de un cajón del escritorio y me las entregó.

Coronel: tomá, te vas transportar en esto. Ahora andate.

El guardia me tomó del brazo y me sacó arrastrando de la habitación. Una vez afuera, estacionado estaba lo que iba a ser mi medio de transporte, casa, compañía y baño durante un largo tiempo. Un falcon bastante avegentado. Lucía varios orificios de balas y algunas extrañas marcas rojas bastantes viejas. No tenía signo de patente alguna. Luego de empujarlo durante una cuadra, pude encenderlo y comenzar a viajar.




Continuará...




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