Mi viaje a Cuba fue una de las mejores cosas que viví, no solo por que es el país que tiene los mejores rones y habanos del mundo. Bueno en realidad si fue por eso.
Pero en principio sinceramente no le tenía nada de fé al viaje. Piénsenlo un segundo:
Viajaba con mis viejos que, más allá de ser muy copados, no dejan de ser mis viejos; a un país donde todavía andan en los autos de los picapiedras y hay muchos lugares para conocer y hacer excursiones tediosamente aburridas. Definitivamente en esa pequeña descripción no había ni la más mínima esperanza de tener una buena noche de joda. Por suerte, esta fue una de las pocas veces en las que me alegró haberme equivocado.
Llegamos al otro día, estuvimos 4 horas clavados haciendo fila para ser los primeros. Reverendamente al pedo porque se coló una embarazada con su familia y la familia de otro porque tenían “prioridad”.
Embarazada: tengo prioridad, estoy embarazada.
Cala: ah mirá vos, ¿tu marido, ese pendejo, esa mina, y el matrimonio amigo tuyo también están embarazados? Lo disimulan bien he. ¿Cómo hacen? ¿Se reproducen por mitosis?
Embarazada: …
Al otro día, ya en suelo Cubano llegamos al hotel, en donde después de más quilombos al fin nos dieron una puta habitación.
Ya para este punto el partido había terminado y estaba lleno de españoles cantando y festejando.
Odio Cuba.
La playa era topless permitido.
Había un bar con bebidas sin cargo durante todo el día.
Amo Cuba.
“Dame un vaso con todo lo que tengas” le dije.
Creo que no hace falta dar muchos detalles de cómo terminó la noche.
Soy el centro absoluto de atención. Estoy feliz.
“Hey chicos, vamos a comer pizzas, Cala invita!”
(la comida era sin cargo, la mayoría captó el chiste, de todos modos, si no les causó, que se caguen).
Rápidamente me siguieron, terminamos tomando unas cervezas y comiendo en la confitería, había un par de chicas más. Me acerqué a hablarles para que se unieran a nosotros. Nunca en mi vida había estado frente a una muchedumbre que asintiera a mis ocurrencias sin dudarlo. Quiero hacerle el amor a Cuba.
Ya estaba en el último día, todo había pasado muy rápido, lamentablemente. Esa era definitivamente mi noche.
Ya prácticamente me conocía a todo el staff del hotel, fue grandioso escuchar como me dedicaban la noche. Además, usualmente cuando me emborracho, suelo ser más carismático, e indiferente a las opiniones de los demás. También suelo ser más arrogante, desubicado e idiota pero no va al caso, por lo tanto no me importaba estar bailando ridículamente mal y casi sin remera mientras todos se cagaban de risa. Ya fuera del boliche, en el lobby, una chica se acercó y se sentó al lado mio. Acto seguido recuerdo que estábamos apretando en la escalera. No recuerdo qué carajo pasó en ese interín, pero cuando volví al lobby, habían reventado una botella de sidra y uno de mis amigos estaba sangrando.
Entré al baño, para colmo mi amigo también estaba ebrio. Fue cuestión de salir del box que ahora también estaba sangrando por la nariz y enchastrando todo mientras se reía. El baño estaba literalmente bañado de sangre, era el paraiso de drácula. Para colmo entraron dos alemanes que se quedaron mirándome como si se hubieran encontrado a Hannibal Lecter. En síntesis, tenía alcohol y sangre, por toda mi ropa. Por lo menos no eran vomito y heces.
Llegué a las 5 y media a la habitación. A las 6 me despertaron para ir a La Habana. Todavía estaba ebrio. Por lo menos después de tomar mi peso corporal en agua más o menos evité la resaca. Mejor no hablar de cuando revisé las fotos de la cámara.

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